
En la era de las start-ups, ¿se pueden proteger como patentes las ideas de negocio?
El plagio de una idea es una de las peores cosas que le pueden pasar a un emprendedor: el robo de la idea con la que piensa lanzar su gran proyecto
Mecanismos como las patentes, el registro de una marca y el copyright son vías para garantizar que la Ley de Propiedad Intelectual respalda el trabajo de una start-up
Para un emprendedor es clave proteger la idea de la que nace su negocio. Para lograr este escudo de protección, conviene tener en cuenta una serie de aspectos. En España, la tradición empresarial indica que no se suelen tomar medidas preventivas. Un error a destacar ya que en otros países, con Estados Unidos a la cabeza, si que suelen andar con más tiento para proteger lo que consideran su propiedad intelectual.
¿Por dónde empezar? Una buena manera de encarrilar estas medidas preventivas es recurrir a un abogado especialista en cuestiones vinculadas a la propiedad intelectual. Una vez se cuente con este especialista, se puede certificar que no se está infringiendo la propiedad intelectual de una patente ya existente. Asegurando este punto, la start-up puede ahorrarse muchos problemas en el futuro ante la reclamación de compañías de la competencia.
También es interesante ver hasta dónde podemos estar protegidos; para ello hay que ver qué ampara la ley y que no. Un aspecto a tener en cuenta es que las ideas en sí no son protegibles, lo que protege el marco legal sobre propiedad intelectual es cómo llevar a cabo esa idea. Es decir, si se crea una aplicación para compartir rutas ciclistas, la idea de compartir rutas ciclistas no se puede patentar, ya que puede venir otra persona a desarrollar su propia app, eso sí, tendrá que ser diferente a la nuestra desde el punto de vista técnico, de diseño, etcétera.
Una de las principales herramientas para evitar problemas con la fuga de información o el robo de ideas es suscribir acuerdos de confidencialidad (también conocidos por sus siglas inglesas, NDA). Se suelen firmar con las personas que intervienen en alguno de los procesos del desarrollo de la start-up: ya sean asalariados o proveedores externos que presten algún servicio. También es bueno mantener en el máximo secreto posible la información sobre nuestro proyecto susceptible de que otros se la apropien si se hace pública.
Un aspecto interesante sobre la confidencialidad es que también hay que tener muy claras las bases aplicables a eventos. Por ejemplo, concursos donde una persona presente a su empresa para darla a conocer o mirar de conseguir financiación. En estos casos también es recomendable repasar bien las condiciones para concurrir a estos acontecimientos para asegurar que no se ve comprometido ningún aspecto clave del negocio.
En caso de dar acceso a terceros a la idea clave del negocio, es conveniente delimitar de manera clara en qué condiciones se concede este acceso. Todo este proceso debe hacerse por escrito, tal y como recoge la Ley de Propiedad Intelectual, para que quede constancia de cara a posibles problemas legales en el futuro.
Entrando en concreto sobre cómo proteger el producto de una empresa hay tres vías claras: las patentes (y modelos de utilidad), el registro de marca y el copyright. El primer caso, es el mejor camino para proteger algo que se haya inventado y se deben cumplir tres requisitos: se debe haber creado algo novedoso, supone un avance para la ciencia y tiene aplicación industrial. Al certificar la novedad por esta vía se obtiene un derecho en exclusiva sobre ella de veinte años.
Registrar una marca ayudará a diferenciar a la start-up. También hay que hacer una comprobación en la Oficina Española de Patentes y Marcas o en la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea para ver que el nombre pensado no está siendo ya utilizado. Con una designación diferenciada del resto, queda claro cuál es nuestra idea genuina.
El uso del copyright es útil si la actividad de la empresa se ajusta a alguno de los elementos protegidos por el Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril. En concreto, este reglamento protege creaciones del tipo como creaciones artísticas (libros, esculturas, cómics…), conferencias, fotografías, software…
En definitiva, con todos estos mecanismos descritos se puede garantizar en buena medida que la idea que ha alumbrado un negocio está a salvo. Con esta salvaguarda, la empresa puede salir a competir de manera limpia en su sector de actividad.
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